Publicado el: lun 29, Ene, 2018

“¡Sí! Ganó el patrimonio y el buen vivir” La columna de Cristian Villarroel

 

Cristián Villarroel

 

Este miércoles 24 de enero de se zanjó positivamente una situación en extremos compleja; la votación en el Consejo de Monumentos Nacionales (CMN) que determinó la ampliación de Zona Típica (ZT) del Barrio Yungay en la Comuna de Santiago, así como la declaratoria de Zona Típica para el Barrio Suarez Mujica de Ñuñoa.

De este modo el Barrio Yungay suma 80 hectáreas más protegidas por la Ley de Monumentos Nacionales, sumando 260 ha. en total. En el Barrio Suarez Mujica son 87 hectareas de protección (Pedro de Valdivia, José Domingo Cañas, Lo Encalada, Grecia).

En el primer caso, el día anterior a la votación, el alcalde de la Comuna de Santiago firmo una carta apoyando la ampliación de ZT en Yungay y Brasil, aludiendo “no solo a los atributos históricos y físicos de los bienes y su carácter ambiental, sino también a los atributos significativos para los propios habitantes” que tienen que ver con la identidad de barrio, el tejido social y el habitar de un espacio común y cuyo legado debe ser resguardado para una mejor calidad de vida de las actuales y futuras generaciones. En contraposición, en Ñuñoa, no existió nunca un compromiso expreso del Alcalde sobre esta declaratoria patrimonial y por el contrario varios concejales cercanos a él fueron activos detractores de la campaña ciudadana que los propios vecinos del sector, bajo la consigna “BarrioSuarezMujicaZonaTipica” levantaron a pulso, alcanzando una épica victoria; que enfrento a la autoridad local, lobby inmobiliario, y la apatía de much@s.

A la base, en los dos casos, existe una ciudadanía activa y organizada que por lo general se inicia en esta labor, alejada y huérfana de la institucionalidad y la autoridad local. La misma que posteriormente se va acomodando -a la causa- según escala el conflicto y el redito político que esto le pueda significar.

El extractivismo urbano: Dos caras de una misma moneda

Los que es para los territorios devastados, hoy por hoy, con termoeléctricas, relaves mineros, centrales hidroeléctricas o monocultivos forestales, en el área rural, tiene un símil en la ciudad, a través de la especulación inmobiliaria; la que expulsa, segrega o aglutina poblaciones, concentra riquezas, produce desplazamientos de personas, se apropia de lo público, provoca daños ambientales, aumento de la contaminación y deterioro de la calidad de vida de las comunidades y barrios. A nivel macro, desafía la configuración geológica y el ecosistema propio de una cuenca, como es Santiago, construyendo en zonas de riesgo, vulnerando normas y reglamentos de todo tipo. De esta manera y en un marco de degradación social e institucional, la especulación inmobiliaria se nutre de la misma lógica del extractivismo que campea en las Regiones o Zonas denominadas de Sacrificio: Puchuncavi-Quinteros, TilTil, u otras reconocidas por episodios críticos de contaminación.

En cuanto a los inmuebles y terrenos del Estado así como los espacios verdes, en las ciudades y barrios, sometido a la especulación inmobiliaria; son convertidos en la extensión natural del hall de un edificio o la ante sala de un strip center, o cualquier otra nomenclatura urbanística de la desposesión, aquella de la que habla David Harvey y nos ayuda a comprender los procesos de acumulación por desposesión que se dan con la megaminería en la cordillera andina o con el agronegocio en el campo. Cada vez más, los barrios van perdiendo sus identidades, sus habitantes no participan de las decisiones de planeamiento urbano.

De este modo, el extractivismo urbano va impulsando la mercantilización de la vivienda: es decir, “convierte a los inmuebles en verdaderos ‘commodities’, el inmueble deja de ser un bien de uso para convertirse en un bien de cambio.’’ (E.Viale, 2017). La versión local y que cuelga de los anuncios -on line- y en los carteles de promoción y venta, dice; “compre para negocio”, “compre para vender”, “invierta con nosotros”. De este modo el valor o la plusvalía del territorio va trasformando a las viviendas y los barrios en un bien prohibitivo para muchos, excluyente y arbitrario.

¡Hoy dos barrios se unen bajo una misma declaratoria! los miles de vecinos que quieren ampliar la protección para sus barrios, así como quienes inician un camino de protección patrimonial, antecedido por la Villa Frei, la Villa Olimpica y tantos otros… hoy con justicia celebran. Ganó la comunidad, gano el buen vivir.

 

Cristián Villarroel Novoa
Ingeniero Ambiental, Ecologista y Activista Social.
 Twitter: @ecocvillarroel

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