Publicado el: mar 1, Abr, 2014

NO SE VENDE ÑUÑOA

No se Vende

Luego de un rato recorriendo la comuna de Ñuñoa no es difícil encontrarse con viviendas en cuyas puertas, o ventanas se encuentran letreros con consignas como “No se vende…no todo es plata” u otros parecidos, como manifestación de lo que se ha transformado en una abierta cruzada en contra de lo que han descrito como una verdadera “expropiación emocional”, como denominan a una serie de repercusiones que han debido sufrir a raíz al auge inmobiliario que vive  en la comuna.

Según, la concejala socialista, Paula Mendoza, desde hace unos ocho años  comenzó el ‘acoso’ de las inmobiliarias hacia los vecinos con el objetivo de que vendieran sus casas y con ello poner en marcha sus proyectos. Pero no solo a ello se refieren las denuncias de los vecinos, sino que también a los efectos negativos de las construcciones para la tranquilidad hogareña y la característica vida de barrio, lo que se ha traducido en el aumento de congestión vehicular, aparición de las denominadas “viviendas islas” y la incapacidad del alcantarillado para enfrentar este aumento de población, entre otras  dificultades.

Lo anterior no debería extrañar, si se considera que Ñuñoa, junto a las comunas de Santiago y Las Condes, concentra cerca de un 40% de la oferta inmobiliaria de la Región Metropolitana, cuyas cifras en alza, si bien se han estabilizado, continúan causando alteraciones en la vida de sus vecinos.

Modificación al Plan Regulador Comunal: el inicio de los problemas

Los vecinos están afirman  que sus problemas barriales se originaron a partir de la modificación del Plan Regulador Comunal el año 2007.

La concejala comunista Alejandra Placencia reseña que a propósito de dicha decisión de la autoridad edilicia “Hubo una gran manifestación y movimiento ciudadano en torno al tipo de comuna que se quería, de resguardar ámbitos de la identidad comunal, patrimoniales y por supuesto de calidad de vida”.

Agrega la concejala que “Los vecinos pedían principalmente que en las avenidas principales se congelara la construcción de edificios en altura, como tenemos hoy día, en que prácticamente no hay límite, como ocurre en Irarrázaval, en donde prontamente se va a ver una especie de encajonamiento de la avenida porque prácticamente no hay límite”.

Consultado acerca de dichas modificaciones, el Director de Obras de la entidad edilicia, Carlos Frías, explica que al instrumento de ordenación territorial se le introdujeron tres inserciones.

La primera de ellas relativa a la restricción de la construcción en altura en aquellas zonas de altura alta (Z-3), correspondientes a sectores de urbanizaciones antiguas (anteriores al año 1950), aproximadamente el 30% de la superficie comunal, en el sentido de restringir la altura de edificación a no más de 7 pisos en terrenos de sobre 2.000 m2, denominándola Z-3b y le fijó una densidad habitacional máxima de 1.300 habitantes por hectárea (hb/há).

Enseguida, se restringió la altura en sectores residenciales de altura media (Z-4), urbanizaciones recientes (posteriores a 1950), en el sentido de permitir construcciones hasta 5 pisos solo en superficies de terreno superior a los 1.000 m2 y le fijó una densidad habitacional máxima de 1.000 hb/há. Estas zonas alcanzan al 50% de la superficie comunal, afirma el director de obras.

Finalmente, en esa oportunidad se potenció la densificación de los ejes: Irarrázaval- Pedro de Valdivia, José Pedro Alessandri- Chile-España, y Manuel Montt, y los bordes comunales: Vicuña Mackenna, Avenida Américo Vespucio, Avenida Tobalaba y parte de Rodrigo de Araya, conservando las condiciones antes de la modificación a la Avenida Irarrázaval, y elevando las posibilidades de densificación en el caso de Avenida Tobalaba y Avenida Américo Vespucio. Esta política de densificación obedeció a las existentes líneas Metro, por Vespucio- Tobalaba y Parque San Eugenio.

Agrega Frías, que esta última modificación “generó las condiciones necesarias para que el Metro resolviera la construcción de las Líneas 3 y 6 por Irarrázaval y Pedro de Valdivia, dando a Ñuñoa un desarrollo que la coloca a la cabeza de las comunas de Santiago”.

Ante este escenario, explica la concejala Placencia,  movimientos de diferentes lugares comenzaron a organizarse, primero de manera aislada, para luego pasar a conformar “una red por la vida de barrio, que es un red ciudadana que trata de sumar a estos vecinos que de alguna forma están viviendo las inconsistencias o la poca consideración que tiene el plan regulador comunal respecto de lo que los ñuñoinos quieren”, asevera la militante comunista.

La lucha de los barrios

No son pocos los sectores de Ñuñoa que se oponen los criterios urbanísticos de la municipalidad. Al menos existen, unos 7 u 8 barrios organizados a través de juntas de vecinos, o centros comunitarios.

Una de las  primeras organizaciones en movilizarse al respecto fue el  Centro Cultural y de Adelanto Keluwe, formado en junio 2009 principalmente por vecinos del conjunto habitacional Salvador y Ampliación Ñuñoa, ubicado en la intersección de Avenida Salvador con Grecia. Está constituido por 45 edificios con 416 departamentos. “Keluwe nació con el fin de fomentar la participación, el sentido de pertenencia y de identidad con el barrio”, asevera Juan Domingo Silva, presidente de la organización.

El dirigente comunal señala que “el municipio de Ñuñoa al modificar el plan regulador liberó la altura de edificación para lo que entonces era una zona residencial de unos 4 pisos máximo. Poco tardó en que llegaran las inmobiliarias por los alrededores de nuestro sector, porque a partir de esa modificación se pueden construir aquí edificios de 15 pisos y más, aunque ni las calles ni los servicios básicos resistan esta sobrepoblación”.

Agrega que solicitaron a las autoridades comunales para que revisaran el Plan Regulador Comunal y paralizaran la acción de las inmobiliarias, pero sin resultados positivos de la alcaldía. “A fines de 2010 contactamos a varios medios de comunicación, organizamos algunas protestas públicas y colocamos unos lienzos en los edificios: ‘Modifique el Plan Regulador. ¡Edificios de no más de cinco pisos!’; ‘No a los rascacielos en Ñuñoa’. Además publicamos un cartel que decía ‘NO SE VENDE Ni mi casa Ni mi barrio’”, asevera el dirigente vecinal.

Para Juan Domingo Silva no deben malentenderse sus demandas. “No nos oponemos a las nuevas edificaciones, pero éstas deben estar reguladas y el criterio que debiera primar es el respeto por los habitantes de hoy. En nuestro sector podemos convivir con edificios de no más de cinco pisos, de manera de mantener una armonía constructiva y urbana, y no sobre explotar los servicios”, afirma.

Algo parecido es lo que le sucede a los vecinos del perímetro Montenegro, San Juan de Luz, Hamburgo y La Verbena, en lo que se conoce como Barrio Los Adoquines, con la diferencia de que en esta zona la altura máxima para construir es de cinco pisos según el Plan Regulador de la comuna y las denuncias  se centran más bien  en los efectos colaterales de las construcciones como la congestión vehicular y la falta de preparación de los servicios básicos para enfrentar este nueva masa poblacional.

“El plan regulador está bien hecho, pero si no se siguen las normas eso no sirve de nada. Por ejemplo, los obreros no tiene un lugar para almorzar, servicios higiénicos, lo básico que son los derechos sociales del trabajador”, explica Cendrine Jacono, vecina del sector.

Los dueños de las viviendas del sector dicen haber sufrido el mismo acoso inmobiliario que en otras zonas, llegando incluso a recibir cartas en que se les informa falsamente que el predio colindante había sido vendido, por lo que su casa se transformará en una isla. Sin embargo, de la misma forma han manifestado a través de letreros su firme decisión: “No se vende… no todo es plata”.

Jacono señala que lo que sufren es una verdadera “expropiación emocional, porque si yo quiero irme de mi casa, quiero elegir el momento y a quien le vendo mi casa”, a lo que se une el hecho de que los precios ofrecidos por las propiedades resultan ser irrisorios comparados con los precios de venta de los departamentos de los nuevos edificios.

La dirigente comunal explica que los vecinos están conscientes que “cinco pisos de altura no son tanto, pero algo muy distinto es la forma cómo se hacen las cosas”. Agrega que en este aspecto el municipio no ha cumplido su rol de fiscalizador de la observancia de las normas de urbanismo y ponen en duda el desempeño de sus deberes funcionarios. “El director de obras se va a encargar de vigilar que todo esté bien, pero es él el que da los permisos, entonces cómo se va a fiscalizar a sí mismo”, asevera.

Similar realidad viven se vive el sector colindante al Barrio Los Adoquines. La Junta de Vecinos Arturo Prat centra sus quejas en las torres construidas en Avenida Ossa (Américo Vespucio), “las que han congestionado las vías, tapando la vista a la cordillera y destruyendo la vida de barrio”, manifiesta Alejandro Jiménez presidente de la organización. El dirigente asegura que las inmobiliarias han destruido la esencia de la comuna, “configurando la ‘masacre de Ñuñoa’ con la complicidad del municipio”.

Por su parte, Julia Rioseco, presidenta de la Junta de Vecinos Parque Gorostiaga que abarca las calles Irarrázaval, Emilia Téllez, Américo Vespucio y Brown Norte, enfatiza que “esta es una pelea vecinal por nuestros derechos como tales, no es una pelea en contra del municipio personalizada, pero por cierto también es en contra todos quienes se opongan a nuestros derechos, en tanto es el lugar que habitamos y por lo mismo consideramos tener derecho a ser escuchados”.

La consigna de los vecinos del Parque Gorostiaga es “¡Mil manos activas para modificar el plan regulador!” y es literalmente lo que esperan conseguir, de acuerdo a un exhaustivo calendario de actividades para que, al igual que lo solicitado por los otros sectores afectados, “se congelen los permisos de edificación y se cree una mesa de trabajo vecinal y municipal, para generar ahí un proyecto nuevo para nuestro barrio”, afirma la dirigente.

Inmobiliaria Espacio: Ataques y hostigamiento como parte del ‘egoísmo’ de los vecinos

Entre las empresas aludidas como agentes de esta explosión de construcciones en altura, se encuentra la inmobiliaria Espacio, que al ser contactada,  se defiende de las acusaciones formulada principalmente por los vecinos del Barrio Los Adoquines.

Karina Basilacos, jefa de Marketing y del área comercial de la empresa, asegura sus dependencias han sido objeto en reiteradas ocasiones de agresiones por los vecinos, viéndose obligados, incluso, a presentar una queja formal ante el municipio, por el desamparo en que, aseguran, se encuentran.

“Hemos sido objeto de constantes ataques y hostigamiento por parte de los vecinos a la obra de Diego de Almagro con Coventry, a modo de ejemplo: rayan y destruyen nuestro cierre que es propiedad privada, sacando y recortando nuestra marca para hacer pancartas con las cuales después hacen manifestaciones”, afirma Basilacos.

Agrega que los hechos han alcanzado tal gravedad que en una oportunidad se verificó un intento de quemar el cierre de la obra, “han tenido actitudes derechamente vandálicas y de daño a la propiedad privada”, afirma.

La inmobiliaria se encuentra funcionando actualmente con sus permisos de construcción al día y a juicio de la representante de la inmobiliaria, la actitud de los vecinos se basa en su negativa a recibir a “extraños” en la comuna. “Es lamentable que tengan esta actitud que no es más que una muestra de egoísmo, ya que nosotros construimos edificios que no rompen con la armonía del entorno y altura amigable. Digo egoísta porque así como ellos tienen derecho a vivir en un barrio agradable, también lo tienen otras familias y nosotros en un terreno donde viven 4 familias le damos la oportunidad de vivir a más de 60 familias y por las características de nuestros proyectos además aportamos a aumentar la plusvalía del sector, lo que también beneficia directamente a estos señores que tanto reclaman”, asevera Basilacos.

Argumento este último refutado por la concejala Paula Mendoza: “No es que exista egoísmo, los vecinos queremos recibir gente en la comuna, pero queremos recibirla en buenas condiciones, queremos tener parques para todos, queremos tener espacios de desarrollo y de servicio para todos y no queremos estar convirtiéndonos finalmente en un espacio saturado”, aclara la concejala.

La Municipalidad

A juicio de la concejala Placencia, la denuncias respecto a la falta de fiscalización y el  cumplimiento de los deberes funcionarios por parte de las autoridades municipales,  podría acarrear  responsabilidades administrativas

La Municipalidad de Ñuñoa, por su parte,  se muestra actualmente dispuesta al diálogo y a implementar diversos procedimientos destinados a resolver los requerimientos expuestos. En tal sentido, el director de obras municipales, Carlos Frías, manifiesta que se encuentran conscientes que los procesos de construcción alteran la tranquilidad de los barrios, por ello desde octubre pasado la entidad edilicia ha destinado un importante contingente de profesionales de la Dirección de Obras y personal de Seguridad Ciudadana e Inspección, para la fiscalización de los edificios en obras, especialmente en horas fuera del horario permitido de trabajo. “Sin embargo toda fiscalización de hace poca, por ello la colaboración de los vecinos y sus denuncias son muy importantes para regular los procesos constructivos”, reconoce la autoridad municipal.

Siguiendo la misma línea de acción, el director de obras explica que para proceder a la aplicación del artículo 117 de la Ley General de Construcción de Urbanismo, tal como lo solicitan los vecinos y que implica congelar el proceso de otorgamiento de permisos de edificación, es preciso contar con el desarrollo de una propuesta de modificación del Plan Regulador, para que el Ministerio de Vivienda y Urbanismo, a través de sus Secretaria Ministerial, autorice la suspensión de los permisos.

Agrega el director de obras que para tal efecto, “dicha propuesta ha sido encargada al Departamento de Asesoría Urbana, que depende de la Secretaría Comunal de Planificación, unidad que próximamente iniciará el proceso”.

Pero el municipio se siente afectado por las acusaciones que han formulado los vecinos en su contra. “Lamentablemente estos grupos de vecinos que buscan ‘defender su barrio’, ponen en duda la calidad profesional de los que trabajamos en la Dirección de Obra, cuestionando la aprobación de los permisos de edificación y el cumplimiento de normas urbanísticas”, señala Carlos Ocaño, subdirector de obras de Ñuñoa.

Ocaño agrega que los vecinos “comúnmente se hacen asesorar por abogados que ‘defienden sus derechos ciudadanos’, pero que poco y nada conocen respecto a normas urbanísticas y al contexto global de la normativa que rige sobre los proyecto de edificación”.

Con la llegada de marzo se espera la reactivación de las actividades de las juntas de vecinos en pos de las aspiraciones para este año 2014. “Confiamos en la capacidad de movilización de los vecinos, pero sabemos que este alcalde, Pedro Sabat, no escucha a la comunidad. Al contrario, parece más bien dispuesto a consentir a las inmobiliarias y los negocios que estas hacen en la comuna”, señala el presidente del Centro Cultural Keluwe, cuyas aspiraciones al igual que las de los otros dirigentes comunales, es que se imite lo que ha sucedido en Providencia y Santiago.

Sin perjuicio de ello, la concejala Alejandra Placencia, enfatiza que cualquiera sea la decisión municipal y vecinal a la que se llegue, la ordenación urbanística de la comuna debe, imprescindiblemente, girar en torno 3 ejes: la calidad de vida, la identidad y el resguardo patrimonial de Ñuñoa.

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