Publicado el: mar 14, Jun, 2016

Clínica Ñuñoa: El Elefante Blanco de Sabat

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El sueño de Sabat nuevamente se fue a las pailas. Más de 23 mil m2, seis pisosconstruidos y cerca de 14 mil millones de pesos en inversión aún no han podido ocuparse en su proyecto original: una clínica para la comuna de Ñuñoa. La inmensa fachada, ubicada en la esquina de Grecia con Los Jardínes, luce vacía, los pasillos sin gente y el interior absolutamente desmantelado.

El exalcalde de Ñuñoa, Pedro Sabat, anunció con bombos y platillos en el año 2009 la construcción del inmueble que, aseguraba entonces, entregaría a los ñuñoínos atención primaria de primer nivel y a “precios bajos”. La idea original era traspasar el edificio a un privado o universidad, a cambio de prestaciones de salud a los vecinos. Un año más tarde la empresa Claro, Vicuña, Valenzuela S.A. se adjudicó la obra con un costo inicial de 5 mil millones de pesos. Algunos concejales alegan que ni siquiera fue aprobado por el concejo. Sabat, dice todo lo contrario: “es una posición oportunista. El proyecto se aprobó con la mayoría de los votos”.

Entre los meses de abril y mayo de este año Andrés Zarhi, sucesor de Sabat en la alcaldía, abrió un concurso público para la “habilitación, implementación, administración, operación, explotación y mantención de la clínica”. La licitación obtuvo un solo oferente: la sociedad “Clínica Nueva Ñuñoa S.A.”, que pretendía adjudicarse la administración del recinto durante los próximos treinta años. La propuesta fue rechazada por el concejo municipal este martes luego de una hora y media de discusión. El “elefante blanco” de Sabat todavía sigue en pie.

Última licitación

La sociedad Clínica Nueva Ñuñoa S.A., del doctor Juan José Gallardo Rouliez, fue el único privado interesado en la licitación abierta en mayo por la municipalidad. Jaime Castillo, concejal DC de la comuna, fue el primero en echarle el ojo a la empresa. “Esta sociedad apareció de la noche a la mañana y se constituyó para estos efectos. A seis días del concurso público se creó y dos días antes logró un rut provisorio”, asegura.

A los concejales no sólo les parecía insólito traspasar un edificio financiado con recursos públicos a una empresa privada, sino también corroborar una serie de deficiencias en las bases de la licitación. “Cuando solicitamos comisiones para poder debatir sobre las bases, se nos dijo que no se podía hacer en grupo y que el concejal que quisiera conocer el documento debía ir a una oficina solo, sin sacar fotos ni copias”, acusa la concejal Alejandra Quevedo (PS). Zahri, en tanto, asegura que los concejales tenían los antecedentes en sus manos, pero que “no les gustó la propuesta”.

La indignación del concejo aumentó cuando se enteraron que la boleta de garantía por seriedad de la oferta era sólo de 3 millones de pesos, con un pago único de 300 millones, mediante un vale vista a nombre de la municipalidad, en dos cuotas: una del 50% del monto el primer año de la explotación total de la clínica y otra del 50% restante el segundo. En las bases se estipulaba que el concesionario pagaría a Ñuñoa mensualmente a través de prestaciones de salud a los vecinos, sin quedar claro en la propuesta cuáles eran esas prestaciones ni quiénes los beneficiarios.

Helia Molina, exministra de Salud y actual precandidata a alcaldesa por la comuna, calificó la licitación como “desastrosa”. Señala que los plazos en este último proceso de concesión carecían de seriedad. “¿Qué empresa va a preparar algo decente en un mes? ¿cómo el municipio va a realizar un análisis riguroso en 30 días? Normalmente lo máximo que se concesiona un establecimiento de salud son 15 años y esta licitación era de 30. Insólito”, apunta.

Desde el municipio aseguran que los diez concejales de Ñuñoa plantearon que la propuesta de la única empresa interesada en el proyecto era débil, tanto en capital como en experiencia, y que adjudicar la licitación a la sociedad de Gallardo era un gran riesgo para la comuna. “No había seguridad sobre cómo ni en cuánto tiempo se iba a recuperar la inversión del municipio. Se suponía que a través de las prestaciones de salud, pero eso es un hecho difícil de corroborar”, dice Castillo.

Clínica Nueva Ñuñoa SA

La empresa del doctor Gallardo, según los documentos económicos de la propuesta, se comprometía a invertir casi 6 mil millones de pesos en la terminación y habilitación total de la clínica y 3 mil 200 millones de pesos en equipar el inmueble. Todo en un plazo máximo de tres años desde el día en que se formalizara la concesión.

Entre las prestaciones que la sociedad ofrecía, se detallaban 39 camas para el servicio de hospitalización, 38 boxes para la atención de urgencia, seis módulos individuales para la unidad de cuidados intermedios (UTI) y un centro médico con boxes de atención implementados con equipamientos para asegurar la privacidad y confort de los pacientes, entre otros servicios.

Según varios concejales, el documento poseía ciertas vaguedades que hacían dudar de la seriedad de la empresa. “Era simplemente una declaración de buenas intenciones. Decía que iba a haber un geriatra, pero no se señalaba quién, cuánto iba a cobrar, no había documentos de compromisos de trabajos por parte de facultativos médicos, nada que se pudiera corroborar”, señala Quevedo.

Los aspectos formales, en cuanto a equipamiento y dotación de personal, no eran los únicos que no estaban claros. Jaime Castillo señala que la empresa ofrecía rebajas tanto en las prestaciones y atenciones de salud, con descuentos para los vecinos con la tarjeta de la municipalidad, que fluctuaban entre el 5% y el 30%, realidad poco relevante si no existía claridad en los precios de referencia. “Esta sociedad iba a tener que elevar los precios de las prestaciones y a partir de ahí aplicar el descuento. No conozco a ninguna empresa en el mundo que tenga intenciones tan altruistas de dar atenciones gratuitas como lo afirmaba el equipo municipal”, cuenta Castillo. “Esperábamos que el descuento fuera mayor, de un 50% por lo menos”, agrega.

Juan José Gallardo Rouliez, representante de la empresa en cuestión, es médico cirujano especialista en cirugía bariátrica y director del Instituto Dr. Gallardo. Fuentes cercanas a Gallardo aseguran que en Ñuñoa le buscaron “la quinta pata al gato”, que el doctor había mostrado interés por la clínica hace meses y que sólo estaba esperando encontrar recursos suficientes para formar la sociedad. Trascendió desde el municipio que al menos una comunidad religiosa y una universidad (San Sebastián) habrían apoyado el proyecto.

Paula Mendoza

Jaime Castillo

Fotos: Jaime Castillo y Paula Mendoza, concejales de Ñuñoa, quienes han seguido la historia de la clínica desde sus inicios.

Intentos fallidos

En agosto de 2009, la empresa constructora e inmobiliaria Bauform Ltda se adjudicó la propuesta pública para el estudio de arquitectura e ingeniería de la entonces incipiente “Clínica Municipal de Ñuñoa”. El sueño de Sabat de evitar las largas esperas de los vecinos de Ñuñoa en el hospital El Salvador de Providencia comenzaba a tomar forma. Al menos en el papel.

Dos años más tarde la obra guesa estaba lista y el exalcalde de Ñuñoa llamó a la primera licitación pública para concesionar el inmueble. No hubo interesados. Tampoco en dos licitaciones que se realizaron con posterioridad.
En diciembre de 2011, el ministro de Salud, Jaime Mañalich, visitó el inmueble junto a Sabat señalando que el proyecto era “un experimento extraordinariamente interesante y que nosotros avalamos completamente”.

Los meses transcurrieron, sin mayor certeza. En marzo de 2012 se intentó buscar otra salida para el edificio que comenzó a transformarse en una verdadera piedra en el zapato para el municipio. Un convenio con el Servicio de Salud Metropolitano Oriente para traspasar el inmueble en comodato a la red de salud pública por 99 años fue la tabla de salvación. Así la clínica adoptó el nombre de “Hospital Clínico de Ñuñoa”. Una vez más el convenio no tuvo éxito. Según estimaciones del mismo alcalde, los costos por mantención del edificio se empinarían sobre los 100 millones de pesos mensuales.

A pesar del apoyo inicial del ministro Mañalich, el extitular de Salud en 2013 aseguró a la prensa que la posibilidad de que el Estado se hiciera cargo de la clínica dejó de ser viable cuando Providencia otorgó los permisos de construcción para el nuevo Hospital del Salvador. El ministerio no contaba con los recursos suficientes para la Clínica de Ñuñoa, que hasta ese entonces todavía no prestaba ningún tipo de servicio a sus vecinos. En septiembre de ese año se rescindió el contrato con el Servicio de Saludo Metropolitano Oriente.

“El ministerio de Salud no está ahí para recibir las voladas de un alcalde que construye una clínica y después se la quiere pasar al Estado. Cuando fui ministra, el alcalde Sabat fue a hablar conmigo y nosotros ya teníamos un plan de inversión para los cuatro años de gobierno. No se trata de que le haya ido mal con Mañalich y después conmigo, las cosas son al revés, uno tiene que ver primero cómo financiar las cosas”, explica Helia Molina.

En 2014 los concejales de la comuna impulsaron una incitativa para traspasar el Centro de Salud Familiar Salvador Bustos y el servicio de urgencias al edificio. La idea implicó un gasto de 6 mil 500 millones adicionales al municipio. El plan se puso en marcha. Se compró equipamiento médico y tecnológico y se remodeló el piso de la primera etapa. La clínica se encontraba amoblada y lista para funcionar. “Los pisos eran preciosos, se mandaron a hacer los muebles a medida, se instalaron las sillas, los computadores y quedó impecable, listo para llegar y trasladar estos servicios. Pero no funcionó y se desmanteló el inmueble”, cuenta Paula Mendoza.

La municipalidad se excusó diciendo que no habían fondos suficientes para mantener el consultorio y la posta en ese edificio. Lo invertido no sirvió para nada. Una vez más el proyecto fracasaba.

Un “cacho” heredado

Pese a que el alcalde Zarhi es la cara visible del asunto, parte del concejo lo exime de la responsabilidad en torno a esta licitación. Así lo plantea Jaime Castillo: “la incompetencia es de los equipos técnicos del municipio, de la administración anterior que permanecen hoy y son los que idearon todo”. Y es que a quien se le exige una explicación es al exalcalde, quien a contracorriente, insistió en construir la clínica sin la certeza de cómo ésta iba a operar. “Pedro Sabat quería darse un gustito y pasar a la historia como un tipo innovador y pionero en estas materias, total la plata no era de él, entonces se tiraba cualquier carril”, afirma el concejal demócratacristiano.

El exalcalde señala que la clínica no es, en ningún caso, un fracaso y asegura que es responsabilidad del municipio hacerse cargo del proyecto. “Lamentablemente se quiere sacar dividendo de un proyecto que entregué a la comunidad como el último acto público el 30 de septiembre del año pasado, pero al nuevo alcalde le quedó el poncho grande”, apunta. Además, despotrica contra su actual sucesor debido al resultado de esta última licitación. “Era obvio que se iba a rechazar. Se necesita alguien con coraje para sacarla adelante y que se la juegue de verdad por los pobres”, agrega.

El municipio, sin embargo, no se da por vencido y baraja la posibilidad de una nueva licitación a privados. Los concejales de la Nueva Mayoría aspiran a conversar con el Estado para traspasar la clínica a la red de salud pública. Zarhi, a su vez, señala que espera que “una nueva licitación se converse lo antes posible”. El edificio lleva 6 años sin funcionar.

Nota original, theclinic.cl

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